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jueves, 23 de octubre de 2014

Recuerdos son...........

Recuerdo que recordaba
recuerdos de amor.
Recuerdo recordar
tu mirada, prometedor...
Y entre recuerdos tú recordabas
mil besos de los dos.
Después recuerdo que no recordaste
como recordar nuestro amor.
Ahora te miro y son recuerdos
los que quedan entre tu y yo......


      Yolanda C.

(Queda totalmente prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta obra)

jueves, 20 de marzo de 2014

¡Es usted un ser humano!

Hasta ahora pensaba que muchos no éramos dignos de llamarnos ser humano por las injusticias y demás.
Pero estaba muy equivocada. Sí que somos seres humanos.
Y como tales somos mezquinos, arrogantes, egoístas, violentos, desagradables, inconsecuentes, destructivos y vanidosos. Incapaces de ver más allá de nuestro propio ombligo y de coger la mano que nos tienden, prefiriendo escupirla.
Caminamos por la Tierra pensando que somos los únicos y respirando el veneno que nosotros mismos hemos creado, sin darnos cuenta que realmente no respiramos, si no que cerramos nuestra boca (y nuestros pensamientos) intentando evitar compartir nuestro oxígeno, nuestro corazón, nuestras manos. 

¡Repartamos todo a nuestro antojo! Todo para mí, nada para ti. En todo caso las migajas que se me caen, quizás te mire mal cuando intentes agacharte a cogerlas.
Que nadie se sienta aludido, y sí, estoy generalizando. Nos estoy metiendo a todos en el saco. En este saco maloliente y viscoso del que nadie quiere salir.
Y como un sólo ser humano no puede arreglar el mundo, mejor sentémonos a rascarnos la barriga que es lo que mejor sabemos hacer.
En la próxima vida me pido ser animal. Mientras intentaré aprender a volar en escoba.

martes, 18 de febrero de 2014

En las sombras me vigila...

Llevo unos días algo desorientado. Creo que algo mareado o con alergia, llevo dos días saliendo con gafas de sol porque la luz excesiva me molesta. Algún virus primaveral que ha entrado en mi cuerpo.

Anoche me acosté en cuanto oscureció porque notaba mi cuerpo pesado y no quería aguantar más despierto, pero algo me sobresaltó de madrugada. Miré a mi alrededor y no había nada, sólo algunas sombras que entraban por la ventana provinientes de los coches al pasar bajo las farolas, el rótulo de la tienda pakistaní de enfrente y una sirena de ambulancia lejana, así que volví a cerrar los ojos.
Al día siguiente desperté tarde, el reloj marcaba las dos de la tarde y el sol se colaba por la persiana medio bajada haciéndome parpadear. Me levanté con una pesadez tremenda en el cuerpo y llamé al trabajo.
Que no debo estar bien, que me he dormido y que en media hora estaba allí. La contestación fue que no me preocupara, que descansara y que no trajera virus, que ya volvería cuando me encontrara mejor. Que mañana me volvían a llamar a ver qué tal. Estupendo....a veces pienso que se portan demasiado bien.....

Así que me tumbé otra vez en la cama, pensando que quizás debería comer algo aunque me dormí enseguida.

Soñoliento desperté en mitad de la noche de un sobresalto, la oscuridad permanecía enganchada en las paredes de mi habitación donde creí adivinar la puerta del gran armario abierta, no recuerdo haberla dejado así pero los ojos se me cerraban dormecinos...............

Después de unas horas volví a despertar con el vértigo de esa sensación que sólo produce la desorientación y tambaleante me dirigí al baño. Puede ser que algo de agua fría despertara esta sinrazón de dormir cual perezoso animal. Veía borroso, y mi figura se desdibujaba en el espejo...blanquecina y cansada.
Debería comer algo, me volví a repetir, aunque después de lavar mi cara con agua fría mi cuerpo se dirigió nuevamente a la cama. Creí oir una especie de campana, un timbre algo chillón lejano y quejoso y cerré los ojos.

Cuando volví a despertar la sensación de desorientación era algo más grave, el reloj no funcionaba y fuera seguía siendo de noche. Miré a mi alrededor. En mi habitación sólo está la cama, una cómoda alta y un gran armario que, ahora, permanecía cerrado.
Cansado de toda esta pesadez pensé en acudir a un médico a la mañana siguiente y, mientras me dirigía a la cocina, pasé por delante del espejo del pasillo. Otra vez mi figura desgarbada, desdibujada, blanquecina, con un ligero enrojecimiento en el cuello, se paseaba camino a una nevera en la que el único contenido era un yogur y un bistec.
Los ojos se me abrieron, cómo deseosos por no haber comido en horas, y devoré el bistec. Así, tal cual, sin cocinar. Y con una sed que quemaba, volví a la cama dispuesto a visitar al médico en cuanto amaneciera.

Pero cuando volví a despertar no era el sol lo que me esperaba, si no la oscuridad pegada a mi habitación y el armario, tan grande, abierto de par en par, como mirándome en la sombra......


*la imagen pertenece a superfamous.com

martes, 23 de abril de 2013

La casa de Wind

Estaba sentada con sus labores de costura, sin prisa, hoy podía dejar pasar el tiempo, mientras miraba de reojo a la vieja Mei que descansaba en su sillón favorito de espaldas a la ventana.
Todo estaba en silencio hasta que de repente otra vez ese viento tremendo, repentino, ensordecedor, tanto que esta vez tuvo que taparse los oidos con las manos mientras apretaba los ojos. Incluso dentro de la casa, su pelo se meció.
Al rato paró todo y ella se alisó el vestido y siguió con sus labores sin atreverse a levantar la vista en dirección a la ventana, temiendo que la vieja Mei le obligara a ello.

La vieja Mei era una mujer mayor, nadie en su barrio sabía su edad, hacía mucho tiempo que vivía en esa casa de madera vieja y mal cuidada y el día que necesitó ayuda para poder levantarse de la cama y vestirse acudió a Elora directamente. Había más chicas en su barrio, así que Elora no sabía porqué había acudido directamente a ella, pero aceptó sin rechistar a cambio de una pequeña paga y algo que ella aún no sabía.

- ¿Hologramas? -dijo Mei.

Con un inaudible suspiro, Elora levantó la vista hacia la ventana. Se veía mucha claridad, como si un sol de justicia asolara la tierra. Dejó la costura a un lado mientras se levantaba y se asomaba a la ventana.
Se veía un desierto vacio, sólo arena y al fondo unas montañas marrones sin vegetación. Las montañas parpadearon un par de veces, como una alucinación mal ajustada, aunque allí siguieron otra vez.

- Sí, un holograma.

La vieja no se giró pero asintió con un parpadeo de ojos y un leve asentimiento de cabeza.

Hace un tiempo aparecieron en un lugar con baldosas doradas, hierba por doquier y un gran edificio al fondo, era tan parecido al cuento del Mago de Oz que Elora se giró hacia Mei con los ojos muy abiertos y un gran interrogante en sus pupilas.
Sólo consiguió apenas unas palabras de ella:  "No, aquí no." 

Desde que empezó a cuidar a la vieja Mei que Elora ha visto como la casa, llevada por un inexplicable viento, aparece a veces en tierras extrañas, muy extrañas. Nunca ha querido preguntar qué es lo que pasa, aunque desde el primer dia advirtió que Mei sabía mucho sobre eso. Algún dia preguntaría eso que se le quedaba atascado en la boca cada vez que aparecía un nuevo paisaje por la ventana, eso que tanto parece conocer la vieja Mei.

Así que, mirando que sus pies no pisaran el dobladillo de su vestido, volvió a su butaca fingiendo no haber visto nada de importancia y deseando que el viento las devolviera pronto al barrio de Wind.


Yolanda C.

 
Sewing by a window - William Kay Blacklock



jueves, 29 de noviembre de 2012

Aunque no sepa.......

Aunque no sepa como sosternerte,
van a seguir lloviendo pétalos a tus ojos, 
va a seguir teniendo la luna tu brillo.
Aunque no sepa como darte,
voy a seguir estirando mi mano
conteniendo en mi boca un suspiro.
Aunque no sepa como encontrarte,
esperaré siempre en ese banco
viendo pasar las notas
que un día cruzarán tus oídos.
(Yolanda C.)


domingo, 7 de octubre de 2012

La llamada de las palabras

Hace tiempo que no llaman a mi puerta las palabras. O quizás sí llamaron pero adormecida no las oí.
Ya amanece en mi ventana y comienzo a sentir una añoranza dulce hacia ellas.
Palabras que me han llenado, que me han inspirado, que me han despertado y me han vuelto a dormir.
Pienso en abrir la puerta y llamarlas, pero dudo en reclamarlas o dejar que ellas solas vuelvan a mi.
Al fin abro la puerta y... nada.
En mi alfombrilla de "Bienvenidos" no reposan palabras esperando mi despertar.
Recuerdo mi buzón, y lo veo a lo lejos, allá frente a mi. De repente me descubro corriendo hacia él.
Ahí están, rebosando, sobresalen por la rejilla y algunas caen por el suelo.
Son tantas que se han desmontado en letras sueltas.
Las recojo como puedo formando un regazo entre mis brazos, al abrir el buzón han caido más al suelo y al agacharme se me caen unas cuantas más.
Después de recogerlas, entro a casa y esparzo las letras sobre la mesa más grande. Ahí me siento a ordenarlas y a juntarlas para que formen las palabras de mi inspiración.
Después de varias horas de trabajo veo que ha anochecido, así que preparo café porque me aguarda una larga noche.

Y así, con el olor a café inundando el salón, sigo ordenando palabras para crear las historias que harán soñar al mundo. Tengo una ardua tarea por delante.


miércoles, 21 de marzo de 2012

El gris de mi ventana

Hoy todo tiene cierto matiz grisáceo.
Miro a través de la ventana y ningún color en especial llama la atención de mis pupilas. Las nubes y la niebla se juntan desdibujándolo todo.
Quiero atrapar el espacio pero el calentor del interior me atrapa antes.
El cristal de la ventana empieza a recoger pequeñas gotitas pero enseguida para. El gris del día parece apagarse para dar paso a la oscuridad que parece no llegar, siempre queda esa pequeña claridad que el manto de las nubes no deja pasar.
Mi intención de salir a ver ese mundo ceniza y sentir el frescor húmedo que lo gobierna, se acaba antes de ser puesto en práctica, la oscuridad y la temperatura del interior me hace sentir soñolienta.
Ahora el cristal adquiere cierta musicalidad. Son grandes gotas que chocan enfadadas al encontrar su fin.
¿Qué habrá bajo la niebla?  ¿Aún quedará gente que intente caminar entre el gris del tiempo? Quizás intentando encontrar un lugar, quizás perdidos en la borrosidad de las calles para siempre.
Quizás no quede nadie y cuando se esfume la niebla sólo haya cenizas y yo me quede aquí, detrás de mi cristal, queriendo que la niebla vuelva para no ver la soledad de ese gris del mundo.

domingo, 23 de octubre de 2011

Pájaros en mi cabeza

Mis ojos recorren las páginas, no se posan en todas las palabras pero las recorren.
Saben todo lo que significan pero aún así sólo leen algunas. Buscan ansionsamente nada en especial sabiendo que ahí está la inspiración que hace que (atropelladas en mi mente como pajarillos contra el cristal de una ventana a los que digo.... ¡tranquilos! ¡hay migas para todos!) las palabras se desdibujen, se descompongan, se conviertan en otras. . y salgan de mi pluma, o de mi lápiz o de mi teclado.
Y ahí está la imagen que hace que mis ojos se detengan y la contemplen. Una imagen en blanco y negro, con un escenario gris y triste en los que apenas se adivina un lugar en el que la niebla reina,  hay un árbol retocido, un cuervo sobre sus ramas............ y sonrío........
Ese cuervo que tanto me ha inspirado, creado por Poe. Oscuro autor a los que a todos os recomiendo leer. Posad vuestros ojos en sus letras, dejaros llevar por la tristeza de sus relatos. Os guste o no, no os dejará indiferentes.
Con todo esto mi mente recuerda algo tan natural como que mi pequeño pajarito, que ahora duerme en su jaula, se llama Nevermore.

Buscad una fría noche oscura, en la que apenas se aprecie la luna entre las grises nubes, pero que aún así podais verla desde vuestra ventana y taparos con vuestra manta, esa que os proteje de espectros y fantasmas, con una tenue luz. Entonces coged El Cuervo de Edgar Allan Poe y leerlo hasta el final. Después decidme si no habéis podido ver a Leonora mirándoos desde su marco o a ese magnifico cuervo a punto de gritaros............. ¡Nunca más!

Os simplifico la tarea y os dejo aquí el video con el relato de su poema. ¡Disfrutad!